Nº 3161

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Jueves 27 de Abril de 2017, Nuestra Señora de Monserrat


ISSN 1982-1601


Lo más aburrido del mal es que uno se acostumbra.
(Sartre)

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Licenciados temporeros

Antonio Moya Somolinos

Sábado 20 de Junio de 2015





De un tiempo a esta parte varios ayuntamientos, entre ellos el de Cabra, han sido “tomados” por una muchedumbre de jóvenes licenciados en paro, contratados por un periodo de unos tres meses para hacer prácticas en trabajos administrativos municipales de modo que estos supongan algo positivo que añadir al curriculum por cuanto la nueva generación de licenciados se debate en un círculo vicioso: No encuentran trabajo porque no tienen práctica profesional, y no tienen práctica profesional porque no han tenido donde trabajar para adquirirla.

Vergüenza debería darnos a la generación precedente haber dejado un panorama tan desolador a la juventud que nos sigue. Sin embargo, esa vergüenza no nos la hemos de aplicar todos por igual, por cuanto no todos hemos tenido una implicación igual en la desastrosa política de creación de puestos de trabajo. Hay quienes no hemos tenido en nuestra mano la posibilidad de llevar a cabo medidas para remediar esto. Pero otros, sí, y no lo han hecho.

Los políticos de ahora son como los de Franco. Piensan que son unos salvadores de la patria y no se dan cuenta de que no se trata de salvar ninguna patria, sino de poner las condiciones para que la patria se salve sola. Ante el durísimo problema del paro, los políticos de ahora, que son socialistas, aunque sean del PP, son como los de Franco, que también eran socialistas. Ninguno de ellos ha creído nunca en las energías de la sociedad civil, en la fuerza de la libertad. Ninguno ha creído nunca que quienes de verdad crean empleo son los empresarios, no ellos.

Cuando yo era joven había una cosa llamada servicio militar, que aparte de no servir para nada, mantenía entretenidos a unos 300.000 chavalotes durante algo más de un año, reduciendo artificialmente en 300.000 la lista de parados. Recuerdo el ambiente de la llegada a la mili. Aquello era todo un empeño de oficiales y suboficiales en conseguir que los soldados estuvieran ocupados en algo, aunque fuera arrancar matojos en un campo de jaramagos. Lo mismo que cuando los que fuimos nombrados sargentos de IMEC-EA llegamos a nuestros destinos: Allí no teníamos ningún cometido que desempeñar. En ambos casos se creaba la función porque había llegado alguien al cuartel, justo al revés de lo que pasa en la empresa privada y en la sociedad civil, que primero se detecta una necesidad, luego de definen los perfiles de la función que va a dar solución a esa necesidad y por último se busca la persona que reúna ese perfil.

José María Aznar, que me parece que tenía algún ramalazo de liberal, suprimió la mili y mandó al paro a 300.000 inútiles, no porque fueran en sí mismos inútiles, sino porque realmente en la mili no tenían nada que hacer. A la vuelta de los años, no se si es la Diputación, la Jungla de Andalucía o el ayuntamiento de turno—me da igual—han decidido reclutar a miles de jóvenes profesionales en paro y meterlos en manada en los ayuntamientos. ¿A trabajar en qué? Ah, eso ya se verá. El trabajo en sí, da igual, lo importante es que en las estadísticas figuren menos parados y que los políticos presuman de crear empleo y enmascaren su ineptitud organizativa.

Una vez más, no se adapta la persona al puesto que se necesita, sino que se crea un puesto deprisa y corriendo porque ha llegado un trabajador que no sabe qué hacer con él y hay que darle trabajo. Como en la mili de hace 30 años. No hemos avanzado nada. Los actuales políticos del PSOE y del PP son como los de Franco, igual de inútiles, igual de socialistas.

Evidentemente esto no es progreso sino una torpeza integral en los planteamientos, porque darle ocupación—y un mísero sueldo—durante tres meses a un montón de gente joven en paro, no es solucionarle el problema. Lejos de ello, lo que se está haciendo es perjudicarlos todavía más, pues de la misma manera que quienes terminaban la mili, cuando volvían a la vida civil, tenían la sensación de haber perdido un año de la vida volviendo oxidados a la vida anterior, estos tres o cuatro meses de los parados contratados a lazo en ayuntamientos suponen un desentrenamiento en sus respectivas titulaciones y una rémora en su competitividad futura. Y aún en el caso de que durante esos tres meses trabajen en asuntos de su especialidad, no es buen planteamiento el pan para hoy y el hambre para mañana.

Desde siempre los temporeros han sido personal no cualificado, sin preparación profesional—por las razones que sean—de modo que lo mismo se les podía colocar de una cosa que de otra; da igual, eran gente incompetente para todo y por consiguiente, tanto a ellos mismos como a quienes los empleaban, les daba igual trabajar en un oficio o en otro, siempre y cuando se tratase de los oficios más bajos socialmente. Igualmente míseros eran los sueldos que percibían. En Andalucía tenemos una triste experiencia centenaria de esto. Temporero, etimológicamente, es el que ejerce el trabajo temporalmente. Lo esencial del temporero es algo negativo, esto es, que su trabajo no es estable. El arquetipo de temporero es el jornalero, que trabaja a jornal, esto es, por el tiempo de una jornada, de un día. Lo característico del temporero o del jornalero es la precariedad. No se le requiere más que para un día o para unos meses. Su trabajo apenas tiene valor social, lo mismo que su salario. Cualquiera que busque en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua el significado de “paria”, verá que es la palabra más ajustada a lo que tradicionalmente se ha entendido por temporero.

Podrá entrar en lo razonable que se precise personal temporero para acarrear fardos de paja o para llevar maletas en una estación de tren. Pero meter en un ayuntamiento una multitud de licenciados en paro cuando no se ha previsto ni la silla donde se van a sentar mientras trabajan, esto es ya algo desquiciado, aparte de una vejación a quienes han dedicado los mejores años de su vida a adquirir una preparación intelectual con que servir a la sociedad.

Si se necesitan 5, 10 ó 15 funcionarios en un ayuntamiento, formúlese una oferta de empleo público, convóquense unas oposiciones y provéanse esas plazas de funcionarios, pero que no se hagan estas mascaradas propias de repúblicas bananeras en las antípodas de un Estado europeo

Sin embargo, como todo en esta vida, siempre hay una razón, siempre existe una explicación—aunque sea inconfesada—acerca de las causas de estas cosas. La razón son los votos; el motivo, la permanencia en el poder de unos políticos mediocres, incapaces e incompetentes para gobernar, sin ideas en la cabeza y sin escrúpulos con los dineros públicos.

Quienes han organizado esta fantasmada laboral bajo la denominación de “políticas de empleo” se han metido ellos a empleadores, eso sí, con dinero público, en vez de crear las condiciones jurídicas para favorecer que sean los empresarios quienes creen el empleo. En vez de bajar impuestos, reducir trámites, eliminar legislaciones inútiles y controles asfixiantes, ellos se han erigido en “empresarios”, y pagando con el dinero de los contribuyentes, han llenado los ayuntamientos de parados que ni son profesionales de la Administración ni pueden durante ese tiempo trabajar en la mayoría de los casos en lo que constituye su especialidad.

En las sociedades avanzadas—no en la andaluza—el empleo se crea a base de excelencia, de preparación, de competitividad. Deberían echar una ojeada los políticos andaluces y ver cómo está la cosa, por ejemplo, en la Comunidad de Madrid, gobernada durante muchos años por gentes que, a pesar de ser del PP, son liberales, como Esperanza Aguirre, que tendrá todos los defectos que se le quieran señalar, no lo niego, pero que durante el tiempo en que estuvo al frente de la Comunidad de Madrid, practicó una política liberal, fruto de la cual ha ocurrido un hecho absolutamente innegable: mientras en estos 8 años de crisis, Andalucía no ha hecho otra cosa que perder empleo, en la Comunidad de Madrid no ha habido mes en el que no se haya creado empleo. Y además, empleo del verdadero, del que crean los empresarios, no esta paparrucha de inundar los ayuntamientos de parados para entretenerlos durante tres meses.

Que no se engañen los jóvenes que están echando unas horas en los ayuntamientos andaluces. No están trabajando; los están utilizando políticamente para manipular las estadísticas del paro y para servir de argumento en las campañas electorales. Efectivamente, sí es cierto que están adquiriendo una culturilla de cierto interés con la experiencia de ver por dentro una Administración. De todo se puede aprender en esta vida. Pero no se están promocionando en su profesión, en aquella a la que ellos se han orientado en los años precedentes. Sobre todo han de tener claro que esa mierda de empleo que están disfrutando tiene rentabilidad política para otros.

Hace unos meses oí en la COPE una grabación vergonzosa. Se trataba de una reunión en la que estaba presente una de esas “artistas” de la Jungla de Andalucía que la jueza Alaya ha metido últimamente en el trullo. Esta señora, llamada Irene Sabalete, exdelegada de empleo de Jaén, dirigiéndose a un grupo de trabajadores, les decía abiertamente que no se preocuparan por la estabilidad de sus empleos temporales en la Jungla de Andalucía…siempre y cuando voten al PSOE, porque de lo contrario perderían el empleo.

Ese es el modo de actuar de los políticos actuales, la política del voto cautivo, del clientelismo, el caciquismo de partido al más puro estilo decimonónico, practicado por igual desde el PSOE, desde el PP, desde IU y a partir de ahora también desde Podemos, que ya han anunciado que lo van a practicar. Ejemplo de esto es la reducción, hace meses, del número de peonadas agrarias para cobrar el PER, verdadera vergüenza nacional en las instituciones europeas. En definitiva, política socialista, ya sea de derechas o de izquierdas, da igual; socialista al fin y al cabo, en donde no prima la excelencia personal, sino la pertenencia a un grupo en el que le dan a uno una humillante limosna a cambio de la propia libertad. Antonio Moya Somolinos.

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Parece que la ruteña Ana Burguillos sigue erre que erre dándole a la tecla, aunque se advierte en su última misiva que está un poco hasta los cojones de este deporte pues dice que da por finalizado el tema. No se da cuenta de que para que el tema quede finalizado deberá contar con mi opinión, ya que este es un tema proindiviso, y mi opinión es esta: Debido a que ella ha escrito dos misivas y yo solo una, lo razonable es que el tema quede finalizado cuando yo emita mi segunda misiva, porque entonces estaremos empatados a dos. Y mi segunda misiva es esta, salvo que ella siga con el deporte del pim pam pum y emita una tercera, en cuyo caso yo haré lo propio.

CARTAS AL DIRECTOR

Carta abierta de una ‘psicodélica’ al Sr. Moya Somolinos

Sr. Moya: Vamos a dejar las cosas claras. En primer lugar le diré que no me molesta que me trate de tu, aunque preferiría que no lo hiciera. Yo me reservo el tuteo para la familia, los amigos y las personas de confianza y usted no reúne ninguno de esos requisitos. Ni siquiera somos “en cierto modo” compañeros, por el simple hecho de que ambos seamos empleados públicos en la Administración Local. Para mí el compañerismo es otra cosa. Yo nunca me dirigiría a un compañero/a de la forma en que usted se ha dirigido a mí.

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